lunes, 5 de septiembre de 2011

Salida del domingo, 4 de septiembre de 2011 (San Marino)


 Salida del domingo, 4 de septiembre de 2011 (San Marino)




Itinerario: Torrejón de Ardoz, Alcalá, Gurugú, villalbilla, Corpa, Pezuela de las Torres, Pioz, Loranca de Tajuña, Hontoba, Escariche, Ventacojo (Bar Ventorro), Pezuela de las Torres, Corpa, Valverde, Torres de la Alameda, Carretera nueva autopista, Torrejón.

Mañana fresca, los brazos sin manguitos se sensibilizan al viento que los azota en la bici, al menos a primera hora.

Para contar lo que pasó el pasado domingo hay que mencionar a los distintos compañeros en tres conjuntos.
En primer lugar, el grupo delantero “pro-tour” formado por Cesar, Dani Sedano, Nacho Vecino, Oscar (Française des Jeux), Emilio, otro compañero cuyo nombre desconozco y tres juveniles o cadetes.
Un segundo grupo formado por Alejandro (recalificado de “protour” a “continental”), Carlos Coria Pinarello, Miguel, Seve, Angel Pinarello, los dos hermanos charros Jesus y Manolo (del Sobradillo) y este redactor.
Y un tercer grupo formado por Antonio Queiruga, José Luis González, Juan y Andrés.

Todos los nombrados fuimos en grupo compacto hasta iniciarse la subida al Gurugú. Allí empezaron los ritmos superiores a las posibilidades de los “continentales” y tuve un pequeño incidente. Conforme iba subiendo y pegando golpes de riñón notaba que la bici perdía demasiada velocidad. Primeramente se van por delante los gallos y después uno por uno los demás. Finalmente antes de culminar la primera subida tuve que parar y bajarme de la bici y comprobé que la rueda trasera se había quedado pegada a la zapata derecha. Aflojé el cierre del eje, la centré y apreté nuevamente. Volví a montar en la bici y seguí pa’lante.
Giramos arriba a la izquierda para dirigirnos a Villalbilla. A estas alturas el grupo ya no era grupo sino varios grupúsculos. Por delante, los campeones; por detrás, sin agrupar, distintos elementos que van en peregrinación a cumplir con la ruta, totalmente desorganizados.
En la subida de Villabilla veo desde atrás como los campeones dejan a Jesús Sobradillo, Carlos Coria y Miguel si bien los gallos, llegados a la rotonda del final de la subida (frente a la urbanización Los Hueros) pasan a dar vueltas a una rotonda para esperar al resto. Así, yo, que no tenía ganas de hacer un decámetro de más continué para adelante despacio mientras al parecer por detrás se reagrupaba la manada o parte de ella en la mencionada rotonda.
Llegué al pueblo de Corpa en solitario y siendo cabeza de carrera (testa de la corsa o tetè de la course, por si lee esta crónica algún italiano, algún francés).
De camino a Pezuela de las Torres y entre los sube y baja continuos, el grupo me dio caza. Venía encabezado por Cesar. No pude seguir su ritmo y doscientos metros después de darme alcance se fueron despegando de mí lentamente. Con mi mirada al frente pude ver como Alejandro tampoco pudo con el ritmo y antes de entrar en Pezuela de las Torres se quedaba retrasado de dicho primer grupo. Al igual que el pasado domingo 28 de agosto, Alejandro se “recalificaba” de pro-tour a continental.
La situación de la carrera era complicada. Nos quedaban aproximadamente noventa kilómetros por delante y me era imposible enganchar con el grupo de corredores de élite salvo que parasen. Por detrás, giré el cuello para ver si venía alguien y no se divisaba a ningún compañero. Como reitero, la situación era complicada.
Bien, como contaba anteriormente, Alejandro se descolgó del grupo delantero y con cierto esfuerzo por mi parte le di alcance. Continuamos para Pioz por una carretera de difícil transito para la bici de carrera por su continuo salto pues el firme era muy rugoso, lo que pongo de manifiesto para mayor escarnio de la administración competente, que creo, es la Comunidad de Madrid.
Tras el cruce que nos dirige a Pioz, Alejandro y yo alcanzamos al grupo de los nueve elegidos para la gloria y para las marchas puntuables. Sin embargo, tras el cruce a la derecha que entra en Pioz comienza una serie de dos o tres rampas que provocan nuevamente que me vea descolgado. Alejandro se dio cuenta y aflojó su ritmo para esperarme. Yo le hice señas con la mano para que siguiera delante y no tuviera que volver a recalificarse pero me dijo que seguramente en la cuesta de Hontoba se viera descolgado de ese grupo. Así pues, fuimos solos hacia Loranca de Tajuña. La carretera desciende vertiginosamente en busca del valle del río Tajuña. Se trata de una bajada espectacular por las curvas cerradas que alberga en su recorrido. Dada mi impericia en estas lides de bajar, Alejandro se fue por delante y me esperó en una curva muy cerrada para avisarme de que frenara si no quería salirme por la tangente. Para rematar la jugada, la carretera en la cuesta abajo, y cuando la bici va a más de 50 km/h, tiene una señal de “stop” y pocos metros después un cruce para incorporarse a la carretera de Loranca de Tajuña a Aranzueque. Así que apreté las manetas del freno, miré para izquierda y derecha y me fui tras Alejandro a la izquierda, para pocos decámetros después tomar un cruce a la derecha con sentido a Hontoba. Desde dicho cruce la carretera va en ligera subida hasta la localidad de Hontoba. Ni por delante, no por detrás se veían indicios de ciclistas torrejoneros.
Llegamos a Hontoba y le indiqué a Alejandro:
- Cada uno que suba como pueda y el primero espera arriba.

Lo dije para que Alejandro no se reprimiera en el uso de sus fuerzas pero me dijo que trataría de no apretar. Poco después de iniciar la ascensión propiamente dicha (una vez pasado el pueblo) mi compañero de fatiga tuvo una leve accidente. Iba pedaleando de pie y en ese movimiento del guía de un lado a otro metió la rueda delantera hacia la derecha, pisando fuera de la zona firme de la calzada en una zona de gravilla suelta. Cayó sobre el lado izquierdo y tuvo una pequeña erosión o rasguño sobre su rodilla izquierda. No precisó ayuda para levantarse y tras enganchar la cadena se incorporó. Mientras él y yo nos reincorporábamos, nos daban caza Carlos Coria, Miguel y los hermanos Sobradillos, Jesús y Manolo. De este modo subimos los seis para arriba. Nos informaron que por detrás venía Seve y Ángel. Así que una vez llegados arriba aflojamos la marcha para esperar y Manolo (sobradillo de fuerza), se dio la vuelta para buscar y acompañar a los dos atrasados, Seve y Ángel.
Mientras tanto la carretera, en el páramo alcarreño, se tornó difícil por su firme en estado impropio para las bicis de carretera. Mejor se circula en ese corto tramo con bici de montaña. Tras dos o tres kilómetros de subida y a ocho y medio de Hontoba llegamos al cruce de la carretera que nos debe llevar a Escariche. En ese cruce paramos para esperar a los tres atrasados: Manolo, Seve y Ángel. Eran las once y media de la mañana, nos quedaba la mitad del recorrido. Aproveché la parada para disminuir el volumen de mi vejiga y ante lo que ya parecía esperar más de lo normal, me dirigí a un turismo que paró en el cruce para hacer el “stop” y me dirigí al conductor diciéndole:
- Perdone. ¿Ha adelantado Vd a tres ciclistas?
- Si, estaban arreglando un pinchazo.- Me contestó el amble señor.

Bueno, pues ya conocíamos el motivo del retraso. Carlos se subió a la bici y se fue en su busca. Mientras, Jesús hablaba con su esposa por el móvil para indicarle en qué lugar se encontraba, pues al parecer se dirigía a su busca.
Llegados los del pinchazo (Manolo fue la víctima) retomamos la marcha hacia Escariche, donde estaba previsto el almuerzo. A escasos ocho kilómetros dejamos la carretera que nos dirige a la hermosa población de Pastrana, localidad digna de ser visitada para comer un primer plato de gachas y un segundo de carne y visitar el Palacio Ducal en el que estuvo recluida (bajo arresto domiciliario se diría ahora) Doña Ana de Mendoza, Princesa de Éboli.
En Escariche paramos en un bar cerca de la plaza de la iglesia. El camarero nos informó de que hacía un ratito se había marchado un grupo de ciclistas del CCTorrejón. Entramos al bar y Ángel me dijo que llevaba una buena pájara encima, pues era su primera salida después de varios días de vacaciones. Se tomó dos “acuariuses” y tres o cuatro bollitos de chocolate. Como decía, en Escariche estaba previsto el almuerzo. Nunca se podrá utilizar esta voz, “almuerzo”, como mejor tino puesto que el camarero del bar nos partió unas rodajas de salchichón y nos puso un platito de cacahuetes, pero acto seguido se presentó en su coche la esposa, hija y padre de Jesús, los cuales portaban para gozo de todos los presentes las barras de pan, una generosa cuña de queso curado, una barra de lomo embuchado y una vuelta de chorizo. Brutal.
Por su parte, Seve le pidió al camarero que nos pusiera una botella de vino de su cuenta. Por temor a no poder moverme si daba buena cuenta del ágape improvisado, solo probé el lomo y tomé un culín de vino.
En dicho bar descubrí el arma secreta de Carlos. Un frasco de un producto farmacológico llamado “glucógeno” o algo así. Creo que está permitido por la UCI.
Así nos dieron las doce del mediodía con las campanas de la iglesia del pueblo tocando la hora del “Angelus”.
Creo que estábamos en el kilómetros sesenta y tres de la ruta, y tras retomar la marcha, la carretera se tornaba llana en ligera cuesta abajo pues nos dirigíamos nuevamente al valle del Tajuña. Tratamos de marcar una velocidad de crucero de 40 km/h, sin embargo, Ángel no podía aguantarlo y a la mínima cuesta se quedaba. Pusimos entonces un ritmo más bajo y tolerable de 30 km/h y así lo aguantó hasta que llegamos a la altura del bar Ventorro (conocido comúnmente como la Venta del Cojo), donde se inicia la subida a Pezuela de las Torres.
En la subida a Pezuela Ángel fue castigado por el “hombre del mazo” y era ayudado por Manuel y por Carlos, que lo empujaban para que no perdiera velocidad. Por detrás nos seguía en el coche la mujer de Jesús con los cuatro intermitentes encendidos para anunciar nuestra presencia a los conductores.
Tras la subida de Pezuela llegamos a la carretera pestosa de Corpa: pestosa por su mal estado y pestosa porque tiene un sube y baja de esos que llamamos rompe-piernas. Allí Ángel era empujado nuevamente por Carlos y Manolo quienes se hicieron acreedores en esta jornada al premio al ciclista solidario. Por mi parte, solo puedo alegar que yo estaba para recibir el empujón más que para empujar.

Los protagonistas de la jornada

En Corpa giramos a la izquierda y bajamos hasta Valverde de Alcalá. Tras hacer el cruce a la izquierda y entrar en esta población nos dirigimos a Torres de la Alameda. En este tramo no nos percatamos de que Ángel iba empeorando su estado físico. Así, en las calles de Torres, Manolo se quedó a la espera de Ángel diciendo que el resto continuáramos. Al incorporarnos a la Autovía de Alcalá con el cruce de la carretera de Loeches paramos para ver si llegaban Manolo y Ángel. Tras varios minutos de charla los vimos aparecer. Finalmente llegamos a Torrejón con 115 km y cuatro horas y once minutos de marcha.

Torrejón de Ardoz, a lunes, cinco de septiembre de dos mil once (fiesta de San Rómulo).


P.D. El martes,  6 de septiembre me encontré con David Nuñez por la calle y me indicó que cuatro miembros llegaron a la salida a las nueve en punto, hora prevista en la página del club. De este modo me informó de que salieron José Gaspar "el Maño", Jose-Luis Conde, Millán (el Lagunero) y el propio David Núñez.
Torrejón de Ardoz, a miercoles, seis de septiembre de dos mil once (Santa Regina).

lunes, 29 de agosto de 2011

Salida del domingo, 28 de agosto de 2011 (San Agustín)

Itinerario: Torrejón de Ardoz, Loeches, Pozuelo del Rey, Valdilecha, bajada hacia el cruce de Tielmes; giro a la izquierda para ir a Carabaña, subida hacía la carretera de Campo Real a Villar del Olmo, subida a Nuevo Baztán (café); Valverde de Alcalá, Torres de la Alameda y por la carretera nueva a Torrejón.
Mañana fresca, lo que agradece el cuerpo humano. Nos juntamos en la salida del velódromo un grupo de unas treinta personas. Rodamos en manada agrupada hasta el kilómetro quince aproximadamente, donde la rampa más dura que culmina antes de Pozuelo del Rey parte el grupo en varios segmentos. Por delante se van los “protour”, entre los que destacaré a Nacho Vecino, Oscar (mi tocayo no yo), Emilio, Dani Sedano, Alejandro,  Fran y Cesar García.
Yo me quedo retrasado, casi sin aire y veo como mi compañero de tertulia, y de peso similar (el salmantino de Sobradillo cuyo nombre desconozco) continúa para adelante sin perder ritmo. En fin, es mi sino. Eso de quedarme en las subidas es una de mis debilidades.
Sigo para adelante en solitario en busca de cinco compañeros que tengo a la vista y que han girado a la derecha en el cruce de Pozuelo del Rey: Miguel, Seve, Alejandro, el señor conductor de la continental que a pesar de su edad se defiende mejor que un juvenil y el compañero de Sobradillo. Si les he dado alcance no es por mi condición de rodador sino porque han hecho un receso y descanso. De ahí que pocos minutos después nos alcanzara por detrás otro grupo retrasado encabezado por Carlos Coria Pinarello.

Así pues nos acercamos al pueblo de Valdilecha, cuya bajada previa sirve para que los más sueltos deslicen sus bicis por esa bajada con alguna curva cerrada.
Nuevamente se van por delante aquellos a los que anteriormente di alcance salvo el del de Sobradillo, que queda rezagado conmigo y juntos bajamos hasta el cruce de Tielmes con Carabaña. Una vez hecho el giro a la izquierda damos alcance a los compañeros que se nos adelantaron junto con Emilio que al parecer se descolgó anteriormente.

Volvimos a girar a la izquierda para comenzar a subir por una carretera paralela a la de Valdilecha. En una zona llana, antes del cruce que nos dirige a Villar del Olmo tengo un pinchazo en la rueda de atrás. Créame, el distingo lector de este escrito, que diez minutos antes de la salida, tomé la bomba de aire, con su manómetro y di presión a las ruedas para evitar los pinchazos debidos a presión insuficiente. Pues bien, ese día ni con esas evité el pinchazo.
Para el cambio de cámara fue ayudado por las siguientes personas: El de Sobradillo, Seve y Antonio Asensio. Retomada la marcha, nos desviamos hacia Villar del Olmo y en la bajada que nos dirige al cruce para subir a Nuevo Baztán vuelvo a quedar retrasado, por lo que empiezo la subida el último con bastante distancia con los de delante. Llegados al pueblo de Nuevo Baztán tomo agua en la fuente y entramos al bar a tomar un refresco.
Reanudamos la marcha, camino de Valverde de Alcalá. En la bajada de la zona de pinar, el grupo se empieza a estirar y vuelvo a quedarme rezagado. Mi velocímetro llega a marcha 74 km/h y ni así soy capaz de mantenerme en el pelotón. Supongo que ellos rozarían los 80 km/h, si es que no los pasaron. De este modo en Valverde ya iba unos veinte segundos retrasado y los veía a lo lejos estirados en fila de uno. Además el grupo se fraccionó en dos. Yo fui bajando a Torres de la Alameda y paulatinamente la distancia con los de delante se hacía más larga. En la entrada a Torres ya no veía ni rastro de ciclistas. Tras tomar la carretera nueva y a la vista del puente que pasa por encima de la vía del ferrocarril veo tres o cuatro ciclistas. Trato de darles alcance y a fe mía que los tenía cerca en esa subida, sin embargo, la bajada larga, con buena recta y firme excelente hace que de se vuelvan a marchar. En la incorporación a la Autopista M-203 que nos lleva a Torrejón me ven y me esperan. Finalmente llegamos a Torrejón con una velocidad media de 26 km/h con ochenta y un kilómetros recorridos.

Torrejón de Ardoz, a veintinueve de agosto de dos mil once.





lunes, 22 de agosto de 2011

Salida del domingo, 21 de agosto de 2011 (San Pio X)

Itinerario: Torrejón de Ardoz, Alcalá de Henares, Los Santos de la Humosa, El Pozo de Guadalajara, Pioz, M-237, Pezuela de las Torres, Corpa, Villalbilla, Gurugú, Torrejón (por la carretera de Torres).
Fuente: http://www.altimetrias.net/.

Estamos soportando días de mucho calor y la salida la tomamos un grupo reducido. En el desvió de la A-2 para subir a Los Santos de Humosa Emilio pincha y dos gallos se quedan a ayudarle mientras el resto sube (subimos) a Los Santos de la Humosa. Es la primera vez que lo subo y se hace dura la cuesta. Cuando entras en el pueblo te das cuenta de que ahí no termina y sigue hasta el final de la población. Como quiera que al llegar arriba todos me alcanzaron por detrás y me sobrepasaron (Emilio y los dos gallos que le ayudaron, algún cadete), fue con Seve y Miguel hasta el Pozo de Guadalajara y allí en vez de seguirles a continuar con la ruta (Valdarachas, Yebes, Horche, Aranzueque, Loranca, Pioz) me desvié en solitario, y a partir de ahí (kilómetro 30 de la ruta) continúe en solitario para dirigirme desde El Pozo a Pioz y bajar por la M-237 hasta el cruce que indica la subida a Pezuela de las Torres. En Pezuela cogí agua en la fuente y continué por Corpa, Villalbilla y Gurugú. Allí tomé dirección hacia Torres y fue a Torrejón por la carretera nueva.
Finalmente fueron tres horas sobre la bici y setenta y cinco kilómetros, algo menos de tres cuartas partes del recorrido propuesto. Hay que entrenar entre semana, porque si no, no voy a poder aguantar las próximas etapas ni la marcha del día 4 de septiembre.
Torrejón de Ardoz, a veintidós de agosto de dos mil once.

Detalle de la subida a
Pezuela de las Torres

Detalle de la subida a
Pezuela de las Torres







jueves, 18 de agosto de 2011

SALIDA DEL DOMINGO, 14 DE AGOSTO DE 2011 (SAN MAXIMILIANO)


Itinerario: Torrejón de Ardoz, Torres de la Alameda (por la carretera nueva); Valverde de Alcalá; Nuevo Baztán; Pozuelo del Rey; Torres de la Alameda; Torrejón de Ardoz (por la CAMPSA).

Carlos Coria Pinarello;  José-Luis González Méndiz; José-Luis Conde; Antonio Queiruga Capdevila; otros dos compañeros cuyos nombres desconozco y este escribiente.

Salimos a las ocho y media siete corredores si bien alguno más está en la salida para coger el coche y partir hacía el puerto de la Morcuera (Seve y Andrés), puesto que este mismo día 14 de agosto se celebra la marcha cicloturista de Perico Delgado en Segovia (decimoctava edición que en esta ocasión homenajea a Miguel Induráin, en su vigésimo aniversario de la conquista de su primer Tour de Francia).
Nosotros tomamos la carretera de Alcalá para girar a la derecha en busca de la carretera de Torres de la Alameda. Pocos metros antes de entrar en esta población paré con Carlos Coria Pinarello para ayudarle a sacar el cadáver de un mosquito estampado en su ojo izquierdo. Tras varios intentos a punta de pañuelo no tuve la destreza suficiente para sacar dichos restos. Así reanudamos la marcha para alcanzar a nuestros cuatro compañeros que marchaban por delante. Hasta ese momento no me notaba cansado pero la carretera de Torres de la Alameda a Valverde de Alcalá está en ligera subida y no era capaz de ponerme a rueda de Carlos. Pensé: ¡Uy uy uy … pa’mí que me está dando la pájara! Carlos se fue rápido por los cuatro ciclistas delanteros, les adelantó y paró en Valverde de Alcalá para tratar de sacarse el mosquito del ojo (finalmente lo consiguió con la consiguiente recriminación hacia mi falta de destreza e impericia en tales labores). Paramos los seis algo más de un minuto mientras Carlos se echaba agua en la cara y ojo y reanudamos la marcha.
Mientras tanto, y por si fuera poca mi sensación de flojera, observaba atónico como el pulsómetro me llegaba a marcar doscientos veinte (220) pulsaciones por minuto. No había razones y sintomatología de tal pulso. Estaba cansado pero nunca he logrado pasar de ciento noventa (190) pulsaciones. ¿Qué demonios estaba pasando?. A decir de los compañeros, podría ser que la pila del sensor estuviese con poca carga y sumase a mis pulsaciones las que emitiese otro sensor de otro ciclista en una frecuencia similar.
Desde Valverde de Alcalá hacia Nuevo Baztán también me descolgué del grupo en la primera cuesta. Yo pensaba: “Llevamos veinte kilómetros y ya voy fastidiado”.
José Luis González dio media vuelta se puso a mi altura y me acompañó hasta Nuevo Baztán ofreciéndome su bidón de “Acuarios”. En la entrada de Nuevo Baztán estaban el resto de compañeros marchando despacio esperando nuestra llegada. Ante esta situación de aflojar la marcha de todos en pos de mi espera y sabiendo que solo llevábamos veinte kilómetros, indiqué a mis compañeros que siguieran por el itinerario propuesto y yo por mi parte me desviaría en Nuevo Baztán para volver a Torrejón y recuperarme para tratar de estar mejor en la próxima salida.
Así que tomé el siguiente cruce a la derecha y me dirigí a mi ritmo, sin prisa hacía Pozuelo del Rey. En Pozuelo del Rey paré, porque me notaba encogido en la bici. Aflojé la tija y subí el sillín algo más de un centímetro. Al volver a montar no notaba problemas en el pedaleo, así que continué por la misma carretera y a unos tres o cuatro kilómetros después giré a la derecha para dirigirme a Torres de la Alameda. Tras este cruce comienza una rampa corta que pasa ante varios campos de olivos. Desde un camino se iba a incorporar un coche de esos que tienen matricula de ciclomotor por ser su motor inferior a determinada cilindrada que se pueden conducir con carnet de ciclomotor. Pues bien, este cochecito me adelantó en la subida de dicha rampa y me pasó bien cerca de la pierna izquierda. Como no me pasó a gran velocidad tampoco le dí mucha importancia. Sin embargo, tras llegar al final de la rampa comienza una baja larga hacia Torres de la Alameda. Pues bien, aquí tuve que estar frenando más de la cuenta (y eso que los que me conocen saben que no soy un especialista en las bajadas pronunciadas) porque el buen cochecito no puede pasar de 50 km/h y la verdad es que el velocímetros me llegó a marcar los 60 km/h.
Ya en Torres de la Alameda y dirigí a la carretera de Torrejón pasé por un lugar con un olor a aguas putrefactas que hace que la respiración se haga más lenta para tragar menos aire.
En el cruce de la CAMPSA tuve que cambiar de plato y finalmente vi por delante a otro compañero cicloturista al que eché mano en la bajada hacía del cruce de Torrejón-Mejorada.
Ya en Torrejón colgué la bici, me llevé a casa el pulsómetro para seguir midiendo las pulsaciones y poco más en este domingo, 14 de agosto de 2011.

martes, 16 de agosto de 2011

Salida del miércoles, 3 de agosto de 2011 (San Hermelo)

Torrecilla; Fuente el Olmo de Fuentidueña; San Miguel de Bernuy; Cobos de Fuentidueña (10); Carrascal (giro derecha); subida “Mortirollo” (1.200 m de distancia); Navalilla; Los Valles de Fuentidueña; Fuentidueña; alto de Calabazas; Calabazas; Fuentesauco; Fuentepiñel; Torrecilla del Pinar.

Tras un día nuboso, bochornoso y sin precipitaciones, tomamos la salida en una mañana más fresca que en la del día 1 de agosto de 2011. Desayuné bien y cogimos las bicis en busca de Fuente el Olmo de Fuentidueña para calentar las piernas. Conversamos y fuimos sin novedad hasta San Miguel de Bernuy, Cobos de Fuentidueña y Carrascal del Río. Apenas había tráfico y creo que nos adelantaron en todo este trayecto unos ocho vehículos.
En Carrascal del Río giramos a la derecha para tomar una antigua pista forestal, ahora mal asfaltada que lleva hasta Navalilla. A pocos centenares de metros comienza la subida para salir del valle del Duratón. Se trata de una cuesta de una distancia aproximada de 1.200 metros y que asciende en este corto trayecto una altitud de setenta y cinco metros aproximadamente (desde los 850 metros a los 925 metros sobre el nivel del mar) por lo que la pendiente media es de seis enteros y veinticinco centésimas por ciento (6,25%) aproximadamente.
Aunque resulte feo presumir de ello, en esos momentos y con el tercer planto comencé a distanciarme de Alberto. Teníamos un espectador de lujo: Una ardilla trepaba por el tronco de un pino mientras observaba como lentamente discurríamos por la calzada en continua ascensión. El pulso comenzó a acelerarse y la respiración se hacía más jadeante. Superada esta dura rampa, avancé despacio a la espera de Alberto, el cual coronó pocos segundos después. Nuevamente el ritmo fue más relajado hasta llegar a Navalilla. Desde este pueblo tomamos la carretera de Aranda de Duero en bajada nuevamente hasta el río Duratón.
Unas decenas de metros antes de llegar a este accidente geográfico (el río) giramos en un cruce a la izquierda para llegar a la población de Los Valles de Fuentidueña y la Villa de Fuentidueña. Si el primer tramo de la macha (hasta Carrascal), que bordea el río tiene arbolado y pinares (Cobos y Carrascal), ahora solo vemos tierras con rastrojo y algunas tierras con girasoles. A la derecha quedan varios caminos que confluyen con dirección al embalse de la Serranilla.
Llegados a Fuentidueña hacemos un giro de noventa grados a la izquierda para descender unos metros y sin solución de continuidad iniciar las duras rampas de la cuesta de Calabazas, donde desde abajo “metí el molinillo” y pronto empecé a sacar distancia a Alberto.
Llegados a población de Calabazas esperé a Alberto y nos dirigimos hacia Fuentesauco. Ahí me di cuenta de que Alberto iba tocado y justito de fuerzas pues no era capaz de seguir mi ritmo, en modo alguno rápido y además aceptó una barrita energética que le ofrecí. En Fuentesauco pasamos a saludar a Miguel Lopez que trabajaba en el mercadillo.
Poco después salimos de la población, y a la salida de Fuentepiñel subí el ritmo para dejar a Alberto un poco atrás y nos juntamos en la bajada de la cuesta del Romo para llegar a Torrecilla.
Torrejón de Ardoz, a trece de agosto de dos mil once (San Ponciano).

Salida del lunes, 1 de agosto de 2011 (San Alfonso)

Tras coger vacaciones y desplazarme al pueblo, coincido con mi hermano Alberto para salir juntos con bici de montaña. Como primera prueba y toma de contacto le invito a que realice la misma ruta que realicé yo el último día, el 22 de julio de 2011. Recuerdo que Alberto se quejaba de un dolor lumbar que no se sabía si era de riñones o ciática. A pesar de haber quedado para salir a las ocho y media de la mañana hube de ir a buscarlo pues tenía el teléfono móvil apagado y además se había dormido.
Alberto salió en ayunas (con dos cojones) a pesar de mis advertencias sobre la necesidad de nutrirse e hidratarse.

Pasamos por Fuente el Olmo de Fuentidueña y San Miguel de Bernuy. Giramos a la derecha para tomar la carretera que se dirige a Burgomillo. Pasamos por Cobos de Fuentidueña y Carrascal del Río y Alberto me indicó que el ritmo que yo estaba marcando era un poco alto para la finalidad de nuestra salida (divertirnos).  Tras sobrepasar esta población paso de largo el primer cruce a la izquierda que se dirige al Valle de el Tabladillo a aproximadamente un kilómetro después sale un segundo cruce a izquierda que tomamos para iniciar la subida. Le indiqué a Alberto que debía subir tranquilo sin forzar el desarrollo y comenzamos la subida. Yo me encontraba bien y llevé un ritmo un poco más alto que el de mi compañero de salida por lo que me distancié en poco tiempo. Unas decenas antes de llegar a Hinojosa del Cerro paré para esperar a Alberto, que llegó un par de minutos después. Para conmigo y se quejaba del dolor lumbar. Tras beber y miccionar reanudamos la marcha. Parece que a Alberto le sentó bien, sin embargo a mí me dejó tocado puesto que continuando la subida Alberto se me iba y no aguantar su ritmo me resultó difícil. A pesar de llevar un desarrollo mas corto no me sentía bien.
Así llegados al cruce que un las carreteras de Castrillo de Sepúlveda con Urueñas hube de parar en un repecho puesto que no me notaba bien. Alberto paró junto a mí y en la cuneta pinchó la rueda delantera por lo que nos tomamos el respiro cambiando la cámara de la rueda.
Reanudamos la marcha y el calor hacia mella en mí. Pasamos por Urueñas y tras dicha población Alberto se marchó en el siguiente repecho, antes de girar a la izquierda para bajar al Valle del Tabladillo. Allí le comenté a Alberto el mal estado del firme y la dura pendiente inicial que hacía la marcha un poco más peligrosa de lo habitual. En la bajada tiramos de freno, pero la bici alcanzó velocidades superiores a los 58 km/h.
En la carretera de Carrascal del Rio Alberto me cogió la mochilla que yo llevaba a la espalda y que me estaba pesando mucho (en su interior había dos cámaras, tres llaves fijas, zapatillas wambas, bomba de aire, caja de parches y desmontables). En Cobos de Fuentidueña paré a tomar agua y estirar las piernas y espalda. Allí volví a coger la mochila. Tras el cruce de San Miguel de Bernuy Alberto se puso su ritmo y me dejó atrás por lo que los últimos siete kilómetros los hice solo y en penuria. Llegué a Torrecilla con tres minutos perdidos con Alberto.
El día fue caluroso y además no habia llevado el dulce de membrillo que cuya glucosa noté en falta.
Torrejón de Ardoz, a trece de agosto de dos mil once (San Ponciano).